2 de febrero de 2009

Movilidad Cultural y Vital


Otro artículo que me gustó mucho de Expansión Empleo fue el de Álvarez de Mon, hombre al que no conozco personalmente, pero cuyo nombre me hace recordad momentos de uno de mis primeros trabajos y me consta su gran prestigio profesional.

Habla sobre la rigidez profesional en España, que hace que muchos gestores de recursos humanos, headhunters o personas de selección miren con malos ojos aquello de que “te gusten las ciencias y las letras”, creo que no es muy difícil distinguir entre la persona o trabajador que tiene diversas y distintas inquietudes y la que de lo perdido que está le da lo mismo una que otra.

Sin embargo parece que las personas con inquietudes diferentes tenemos que justificar el porqué de las mismas, puede resultar interesante estudiar fiscal y después ir a una exposición de tocados, trabajar en mercados y formarte en moda a la vez, o saber el timing de cada profesión para situarse en el momento adecuado en cada una de ellas…

Habrá gente que dé un cambio a su vida por motivos personales, profesionales, porque ha encontrado su verdadera vocación a los 45 años o…Simplemente porque siempre supo que tuvo varias vocaciones y que desarrollaría cada una a su tiempo

A continuación os reproduzco el artículo del Señor Santiago Álvarez de Mon, a ver que os parece:

A la hora de reflexionar sobre las diversas opciones de hacer carrera en España, en general se adolece de una rigidez estructural que tiene mucho que ver con nuestros modelos educativos, sistemas de selección y contratación, paradigmas psicológicos, y con nuestros hábitos y patrones individuales de conducta.

Estos últimos meses observo con preocupación cómo muchos profesionales inteligentes y preparados sopesan la alternativa de variar de rumbo en su carrera.


Algunos de ellos se autocensuran, no se ven con la energía, juventud y empuje para asumir el riesgo de dar un giro copernicano a su profesión.

Ellos mismos se encasillan en una actividad para la que se ven fatalmente destinados.

Otros, más entusiastas y decididos, se dan de bruces con las resistencias de su hipotético contratante, eso si pasan el filtro de un escéptico headhunter.

Si se ha acumulado una rica y vasta experiencia en un sector determinado, el pasado se acaba convirtiendo en el tirano de un porvenir inalcanzable.
En España no resulta nada fácil escapar de nuestro pasado, éste te acompaña en cualquiera de nuestras correrías y decisiones.

No se vincula a los profesionales tanto a una empresa, que también, como a una actividad o industria en particular.

Si la voluntad o necesidad de cambiar afecta a mayores de 40 años, lo tienen crudo, etiquetados de por vida.

En Estados Unidos, por ejemplo, es bien distinto.

Casi con la misma facilidad que una familia hace las maletas y se traslada de la Costa Este a California, puede decidir abandonar un empresa y dedicarse a una industria totalmente diferente, eso si no monta un negocio por su propia cuenta.

Las idas y venidas son frecuentes, no siempre acertadas y en línea con los talentos de las personas afectadas, pero siempre en busca de un mañana mejor.

Esta movilidad funcional y vital también ocurre en el ámbito de la política.

Lo que en otros países puede ser un viaje enriquecedor de ida y vuelta profesionales del sector privado se incorporan al Gobierno (echen un vistazo a algunos de los fichajes de Obama), hombres y mujeres de la Administración Pública regresan al sector privado después de años de servicio a su país en España es una anomalía que suele viajar en una única dirección, es decir, ex-políticos temporal o definitivamente aparcados encuentran acomodo en la empresa.

Por todas estas consideraciones celebro la noticia del flamante fichaje por parte de Iberdrola de Amparo Moraleda, ex-presidenta de IBM para el sur de Europa, quien ha rechazado en dos ocasiones incorporarse al Gobierno de España.
Independientemente de su negativa, legítima y estrictamente personal, es bueno que profesionales brillantes y competentes circulen en ambas direcciones, privada y pública.

Tradicionalmente el carril de lo público a lo privado está más transitado, así que no estaría mal que en el futuro asistamos a movimientos en sentido inverso, de la empresa privada al sector público.

La política se prestigiaría con aire fresco, experto e independiente, y la empresa aprendería del difícil equilibrio que imponen las cuestiones de la res pública.

Lo relevante es que el tráfico sea fluido, y que transcurra por carreteras anchas y bien señalizadas. De este modo, el itinerario vital de cada profesional sería más variado, libre y personal.

¡Buen viaje!


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